• La alergia y el asma pueden curarse

    Según los especialistas Jorge Emilio y Jorge Federico Bacigaluppi, se logra en más de la mitad de los casos

    Los doctores Jorge Emilio y Jorge Federico Bacigaluppi son categóricos: al menos en el 50% de los casos, la alergia y el asma se curan, y el tratamiento que aplican desde hace décadas permite prescindir totalmente de los corticoides. En ciertos casos, no utilizarlos jamás y en otros, ir quitándolos de a poco.

    Hijo y nieto, respectivamente, de uno de los médicos argentinos que iniciaron la alergia y la inmunología en el país (el doctor Emilio E. Bacigaluppi), consideran que lo importante es “no centrarse sólo en combatir la inflamación, sino en tratar enfermedad en sí misma. Y esa enfermedad es una reacción anormal, exagerada, a sustancias habitualmente inocuas o que no son nocivas para el resto de la gente, e implica enfrentarse a una compleja interacción entre la herencia, el aspecto ambiental, la alimentación y, en menor medida, las emociones”.

    Cuando los Bacigaluppi dicen enfáticamente que combatir la inflamación no soluciona el problema de fondo, dirigen sus críticas hacia los corticosteroides. “Somos contrarios a su utilización, a excepción de casos muy severos-aseguran-. Como decimos en nuestro libro («¿La alergia y el asma se curan? De usted depende…», Ed. Akadia), las enfermedades son crónicas no por su irreversibilidad, sino por su duración. Y, en el caso de los corticoides, ¿los vamos a utilizar por años? No es nuestro criterio, ya que producen reacciones severas, tanto en forma inyectable como oral y si bien la industria se inclinó hacia los de uso tópico, como cremas o aerosoles, con menor efecto sistémico, nosotros y otros colegas creemos que usados durante años de todos modos se absorberán por el organismo.”

    Los especialistas mencionan que especialmente entre los niños -pero también frente al uso sostenido en adultos- algunos de los efectos de los corticoides son trastornos de crecimiento en estatura, aumento del vello, trastornos en la cicatrización de las heridas, aumento de la presión ocular (glaucoma) y las cataratas, incremento del riesgo de fracturas óseas por disminución de la densidad mineral y del riesgo de insuficiencia suprarrenal, que puede ser mortal.

    “El organismo fabrica sus propios corticoides -dicen los Bacigaluppi-, que son antiinflamatorios naturales. Ningún corticoide cura, sólo controlan. Si los vivimos dando desde afuera el organismo interpreta que no debe fabricarlos más y en una situación de emergencia, como una gran fractura o una cirugía, puede entrar en insuficiencia.”

    UN MUNDO DE ALÉRGICOS

    Jorge Federico Bacigaluppi dice que todos los aspectos que inciden en la intrincada malla de la alergia están en aumento y que la genética posiblemente no produzca grandes novedades pronto, dada la heterogénea distribución de los genes que condicionan el problema.

    “A nivel ambiental, vamos de mal en peor -reflexiona-. Hay mucha más contaminación, se respira peor, se come peor… De la parte emocional, vivimos sobrecargados de exigencias. Pero, además, existe otra teoría que busca explicar por qué la alergia ha aumentado tanto en las ciudades. Se llama «teoría higiénica»: la excesiva pulcritud de nuestro estilo de vida, la preocupación por los contaminantes, la vacunación masiva en la infancia, que si bien es un gran avance desde el punto de vista infectológico evita que los niños tengan contacto con esos primeros gérmenes, todos estos elementos podrían contribuir a la mayor presencia de alergias, que ya ocurren en el 25% de la población.”

    APRENDER LA TOLERANCIA

    Los doctores Bacigaluppi afirman que ellos aplican inmunoterapia o vacunas con alergenos (las mismas sustancias que generan reacciones) y así logran “atacar la causa de la enfermedad, no sólo los síntomas”.

    La tarea está basada en la escucha atenta del especialista, que debe elaborar una completa historia clínica y hacer pruebas y contrapruebas para determinar si es y a qué es alérgico el paciente, y, luego, proponer un tratamiento.

    Junto con el control ambiental (por ejemplo, evitar los alergenos en los dormitorios y en los lugares donde mayor tiempo se pasa) y una mejor elección de los alimentos (la mayor parte de las alergias que se expresan en la piel son de origen alimentario), los especialistas aseguran que la adherencia a los tratamientos depende en buena parte de la fácil administración de los fármacos (muchos son de única dosis diaria y vienen por vía oral, en lugar de ser aerosoles) y, en cuanto a las vacunas, ya no son inyectables ni se aplican varias veces por semana, sino que el mismo paciente las ingiere por vía sublingual una vez a la semana o cada 14 días y las guarda en la heladera de su casa.

    “La duración mínima de la inmunoterapia es de dos años, y se suele prolongar hasta los cinco -afirman-. Para que la enfermedad se desvíe de su evolución natural, tenemos que bombardear el sistema inmunológico para que tolere esas sustancias que le llegan desde afuera y esto no se consigue en menos tiempo.”

    Sobre los pronósticos, las alergias respiratorias tienen una curación mayor al 50% de los casos (a veces permanente, otras transitoria), pero advierten que los tratamientos dan más resultado en jóvenes y alérgicos al polen.

    “En cuanto al asma -afirman-, la inmunoterapia tiene resultado en el 80% de los casos, siempre y cuando el asma sea de origen alérgico, que es lo que ocurre en más del 90% de los casos que comienzan en la infancia.”

    En caso de necesitar antiinflamatorios, los Bacigaluppi prefieren los no esteroideos (y mencionan la teofilina, los antileucotrienos, el cromoglicato, los beta dos, como el salmeterol) y advierten que como los aspectos hereditarios son muy importantes, lo ideal es que cuando uno o ambos padres son alérgicos (y especialmente la madre, ya que los genes para alergia son más fuertes por vía materna), el niño sea bien controlado desde sus primeros meses.

    “Hay un camino que se llama marcha alérgica y sobre el que se puede intervenir en forma preventiva -dice Jorge Federico-. El lactante comienza con eccema atópico en las mejillas o en los codos. Luego, antes de los cinco años, sufre broncoespasmos, con o sin rinitis, y esto puede desembocar en asma. Para evitar esta secuencia es necesario que los chicos no reciban humo pasivo, no tener mascotas, una dieta natural (alimentos poco procesados, sin conservantes, etcétera) y que demoren hasta después del primer año de vida, con un sistema inmunológico más maduro, el consumo de algunos alimentos más alergénicos: huevo, chocolate, maní, pescado, cítricos, mariscos, kiwi, frutillas, soja, tomate. Si bien no está demostrado, algunos afirman que el consumo frecuente de lactobacilos podría disminuir el riesgo de alergia en la infancia, y también un antihistamínico no esteroide, que en un estudio internacional demostró evitar el asma en chicos muy susceptibles.” .

    Por Gabriela Navarra De la Redacción de LA NACION

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